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CON CARIÑO PARA TI.

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miércoles, 30 de julio de 2014

CARTA DE ARREPENTIMIENTO DE UNA ADOLESCENTE DESPUÉS DEL ABORTO...VIDEOS E IMÁGENES CON MENSAJES POSITIVOS


Hoy es un día inolvidable para mi conciencia y vida, tomé la decisión más cobarde más estúpida más mediocre que en la vida olvidaré, ahora pienso recapacito y quisiera regresar el tiempo, aunque sé que eso es inútil quiero despertar de esta pesadilla, no me di cuenta, no pensé en el dolor que me provocaría perderte, no pensé en mi presente sin ti mi bebé hermoso, ahora me pregunto ¿cómo hubieras sido tu sonrisa? ¿tus manos? ¿tus cabellos? ¿tus ojos? ¿no sé por qué fui cobarde? ¿por qué no actúe con madurez? ¿si lo hubiera pensando? ¿si lo hubiera meditado estarías conmigo! Sólo pido a Dios que me perdone y a ti también por quitarte tu derecho de nacer…

He reaccionado demasiado tarde, y mi vida se me fue contigo, me arrepiento mucho, sé que el dolor que siento y lo que me resta lo merezco, nunca te voy a olvidar mi cielito… ¡Perdóname! Sí tan sólo me escucharas, sí estuvieras conmigo… Pido a Dios que sea una pesadilla y que estés en mi panza creciendo como deseo eso con todas mis fuerzas, ahora me doy cuenta que te necesito, que hubieras sido mi vitamina para seguir, ¡perdóname! ¡nunca me olvidaré de ti! Aunque no estés conmigo el amor que siento hacia ti no dejará de crecer ni existir, ahora si sé lo es una pérdida y es mi pérdida más grande y dolorosa que en la vida tendré, como quisiera sentirte en mi panza y decirte te amo, ¡lo siento!
Toda persona que pasa por momentos difíciles necesita ayuda, si tu estás pasando por esos momentos difíciles: Te sientes sola, triste y el dolor te ahoga...Pide ayuda a un amigo/a, a un familiar, a un especialista o algún consejero espiritual.
No te quedes con esa carga en tu interior, siempre hay alguien que te ama y desea ayudarte.
En la vida estamos siempre expuestos a vivir diferentes etapas; a veces alegres otras no tantos, pero hay que seguir viviendo, seguir avanzando e intentando ser feliz con mucho amor, sin perder la fe y la esperanza que lo que viene a tu vida, puede ser un maravilloso amanecer lleno de vida, amor y paz en el alma. 

martes, 29 de noviembre de 2011

Cartas de Gladis Waira y Anyc a sus Pequeños Amores y maneja tu vida.



El mundo es un salvaje e inhóspito lugar del cual no sacamos más que irreales sentimientos, porque todo sentimiento por más sincero que se sienta no deja de ser irreal, y por lógica nada irreal es seguro, pero eso no importa, somos simples mortales forasteros de este desconocido mundo… El Mundo es un lugar salvaje, el no poder cambiarlo para ti, hace todo esto más complicado.

Quisiera que sigas en esa gran nube azul de sueños inocentes y lejos de la frialdad que el mundo te ofrece, dejar detenido el tiempo sin confusiones, lejos de las depresiones, fracasos, lejos de todo lo que hoy conozco, pero ya es tarde, veo en tus ojos las ansias de salir y descubrir el mundo, si tan sólo pudiera retroceder el tiempo, gozaría más tiempo junto a ti, te haría guardar recuerdos simples, momentos cotidianos, todo aquello que ayudara hoy, a disfrutar lo simple de una forma compleja, encontrar la tranquilidad en los momentos de sosiego.


 Descubrir que no sólo el mundo decepciona sino que hasta yo, hace mis días más complejos, intensos y aunque todo aparente ser tan malo esas ráfagas de felicidad no se comparan con nada, es la mejor recompensa de atreverse a vivir, de levantarse todos los días y disfrutar en lo posible todo lo que hay alrededor, ya que al final de los días sólo eso nos queda. El mundo un lugar salvaje y eso no lo puedo cambiar, pero sólo los valientes pueden disfrutar de él. Sé valiente, atrévete a vivir con las mismas ganas que nos da sonreír.

Porque saber que hay tiempo para ordenar mis ideas, me da tranquilidad. Saber que no me durará, me asusta, saber que llegará el momento de pasar todo esto a un recuerdo hace intenso disfrutarlo.

Cada mañana es el comienzo de lo mejor de la vida.

 

Si un día despiertas y piensas, que la vida no tiene sentido, escudriña mas allá de las estrellas, encontrarás que una de ellas, guarda secretos profundos. No obstante, emprende tu vuelo, devela tu alma. Déjate llevar por la calma e imaginación, crea tu historia personal y que esta te lleve a soñar con un mundo mágico, donde la tristeza, el dolor, la desesperanza, el rencor no hagan parte de tu viaje.

Maneja tu barco. Coge con tus manos el timón de tu vida. Empieza a moldear tu alegría, tus ganas de vivir, no olvides que los ríos aún mueren en el mar. Que la sonrisa de un niño vislumbra la palabra paz. Alégrate de existir. Observa el universo, las montañas los secretos. Aspira el aire fresco de la montaña sin tiempo. Sueña, cada día sueña con el viento a tu favor, y si piensas que el amor, no hace parte de tu viaje…


 Mira en los ojos de Dios, aprenderás con tu sol a calentar tu interior. No vivas en el pasado, deja aquél recuerdo malvado, sepultado para siempre. Cultiva tu autoestima, quiérete, acéptate tal como eres. Recuerda que tu madre te concibió para ser feliz. Piensa en los nueve meses, cuando ella acunó tu alma, dándote calor y calma, abrigándote en su vientre del frío y de la muerte. Si miras el ancho mar, aprenderás a soñar, entenderás que la vida es tan solo poesía y no una porquería como crees muchas veces.


 Teje en tu camino, esperanzas e ilusiones, sueña con este planeta que te regala las flores. Echa a flote tus encantos, aprenderás que el amor, es tan libre como el viento, alimenta tu interior. Ama siempre a tu familia son lo más bello y mejor, a pesar de las perfidias, en ellos encuentras amor. Mira este cielo oscuro, pero mira más allá, aprenderás que las cosas, no son
como deben estar.


 Ama mucho a los ancianos, no los vayas a olvidar, recuerda que son muy sabios, te enseñan a razonar. Si aún te sientes perdido, reflexiona, por favor, mira que el mundo es un sol, este planeta de Dios. Vive, sueña, edifica hoy tu historia personal, ella te enseñará a revelar tu silencio más allá de los secretos.


domingo, 22 de mayo de 2011

CARTA DE UN MADRE, A SU HIJA ADOLESCENTE EMBARAZADA.



Hay ocasiones en que una madre siente que lo ha dado todo: su vida, sus esfuerzos, su salud, no pocas veces su belleza física... e incluso, su felicidad. Este ha sido su sentido de la vida: dar; su sentido de servir, a su familia y a Dios.
Ella siente que no pudo entregar más, que lo ha dado todo.
Ahora, se ve enfrentada a una situación que ella considera como extrema, que la hiere en lo más profundo de sus sentimientos, de su mente y de su alma. Se cuestiona hasta el límite, cuál pudo ser su error y por qué le ocurrió "esto" a su querida hija. Por momentos, se llega a sentir culpable, como deseando liberarla del dolor para cargarlo ella sobre sus hombros.
En verdad, no es su propio sufrimiento el que la carcome por dentro. Ése, ella sabe cómo enfrentarlo y darle un sentido positivo y constructivo. Tiene fe y experiencia suficiente para emprender esta nueva tarea. Lo que parece destruirla es algo diferente, una sensación de angustia e impotencia que inunda su interior. Siente que su hija aún es muy joven y ahora deberá enfrentar una vida para la cual no tiene preparación suficiente, ni medios para salir adelante en esta situación que ha creado por sí misma, quizás involuntariamente. Su temor parece ahogarla, porque no sabe cómo decirle que la vida continúa, que siempre es posible transformar el sufrimiento y el dolor en felicidad, que es humano cometer errores. Y que por ello, nuestro Padre común que es Dios siempre está con nosotros, para que le demos la oportunidad de ayudarnos a cambiar nuestros males, nuestros sufrimientos y nuestras aflicciones, en el bien que Él nos ofrece con amor incondicional.
A esas madres, a quienes las palabras les faltan y sus pensamientos las confunden, y a sus hijas, que viven un momento de desesperanza, espero que esta carta les sea de alguna ayuda. Y les permita alcanzar nuevamente un poco de esa paz familiar que sienten perdida, por causa de la noticia inesperada y anticipada de un embarazo adolescente. Espero que esta carta de una madre a su hija ayude a su familia a recuperar el sentido de sus vidas y a reencontrar la verdad: que todos tenemos un Padre común, quien también es único y personal; un Padre bueno, porque sabe de amor y de cuidar, y a quien podemos confiar nuestra seguridad; un Padre que, si se lo permitimos, transformará la causa de nuestros sufrimientos en mayor fortaleza, y en el motivo principal de nuestra felicidad futura. Un Padre, que sin pedir nada a cambio, aun cuando lo hubiéramos herido, nos da el sentido de nuestra existencia, lo da todo.



Querida Hija
¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes? Si me respondes "bien", me preocuparé mucho más. Si me respondes "mal", quiero que sepas que te comprendo. En nuestras vidas, todos pasamos por momentos de dificultad que parecen interminables; pero que sólo lo parecen. Hija mía, yo estoy contigo cuando tú estás y cuando no estás. Tus alegrías y preocupaciones son también las mías. No es cosa de quererlo, desearlo, o de simplemente aceptarlo; este sentimiento nace de una realidad que a ambas nos supera, a ti y a mí.
Existe un lazo que está por encima de cualquier sentimiento y circunstancia, y que nos une sin permitir que nuestras vidas sean plenamente independientes, pero tampoco plenamente dependientes. Es un lazo que nos ata en silencio, suavemente, como si no deseara interponerse en nuestras decisiones, ni en nuestras vidas personales. Pero que desea recordarnos que existe, y que nos ofrece a ambas la posibilidad permanente de apoyarnos en él, sobre todo cuando los esporádicos vientos turbulentos se presentan en nuestro existir.
Vientos que nos impulsan a dejarnos llevar por nuevos caminos, sin destino conocido. Que nos invitan a entregarnos pasivamente a los impulsos de una ventisca aparentemente sin consecuencia, pero que nos podría desviar e incluso detener, en el continuo caminar hacia el destino de nuestros verdaderos e íntimos deseos.
 Es curioso, parece una contradicción: Un lazo que ata, pero que no limita; al contrario, más bien parece cuidar nuestra libertad, nuestras personas y nuestra relación. ¡Un lazo que libera!
Hoy, como madre, siento que soplan fuertes vientos, produciendo esas ráfagas de angustia e incertidumbre que arrastran a la desesperanza, con sus cambiantes direcciones, y que son capaces de confundirnos hasta el extremo de hacernos perder el sentido de la orientación, como tratando de que tú y yo olvidemos quiénes somos, y cómo somos realmente.
Ahora que tenemos presente la sensación de haber perdido algo que recordamos con nostalgia de pasado, pero que a pesar de todo lo ocurrido ese lazo invisible nos mantiene unidas en nuestros sentimientos con más fuerza que antes, quizás sea ésta una maravillosa oportunidad. Una nueva oportunidad de reforzar nuestro lazo, y de comprendernos mejor
Tu Hijo
Mi adorada hija, tu hijo no es un error.
Tu hijo es una consecuencia de tu error el que fue transformado, gracias a tu Padre, en lo que hoy es: una alegre bendición.
Tu hijo fue concebido por pasión, por afecto o quizás enamoramiento, o por confundir el verdadero amor con un sentimiento pasajero, el desamor.
Cuando obedecemos a los deseos sin escuchar la voz de nuestro interior, es como si depositáramos nuestro destino en una hoja de otoño o en las manos de una atractiva bailarina que sigue el ritmo de cambiantes vientos, sin preocuparse por la proximidad del invierno con su llanto de lluvias. Vientos que tampoco podemos controlar, ni ver, y que no siempre sabemos hacia dónde conducirán nuestras vidas.
Ése fue tu error: los motivos y sus momentos. Pero tu hijo jamás será un error. Es una nueva vida inocente, llena de esperanzas, todas ellas puestas sólo en ti.
Un hijo siempre es una bendición porque siempre se hace de a tres. Dos le regalan su cuerpo y el tercero le regala su alma.
Su cuerpo está creado a imagen y semejanza de sus dos padres, y le permitirá vivir en este maravilloso mundo para desarrollar su precioso cuerpo espiritual en el que ha recibido su alma.
Su alma fue creada a imagen y semejanza del Padre. Ella representa la razón última y principal de su existencia; la fuente creativa del amor que será capaz de entregar y de entregarte durante esa vida que recién ha iniciado.
Tu hijo fue creado así: con amor, por amor y para el amor. Tu hijo fue creado para ser feliz, para vivir en el amor, para hacernos felices y para hacerte feliz.

El hijo que llevas en tu vientre hoy conoce solamente a su Padre y a su madre, tú. Ya conoce el amor más puro: amor de madre, amor de Padre.
En este mundo, nadie mejor que una madre puede comprender el inmenso valor de la maternidad, al sentir esa íntima y preciosa relación invisible con el hijo de sus entrañas y de su Padre.
El valor de la maternidad es y será tu principal valor, porque ella siempre se manifiesta con dolor: dolor del cuerpo, dolor de la mente y dolor del corazón. Con ello demuestra su infinito valor al permitirnos, con la sola fuerza de nuestra alma, vencer al dolor humano y hacer esto por otra alma. Porque muy en tu interior sabes que el alma es de tu Padre, que la vida es de tu Padre, y que tu hijo es para tu Padre. Algo que nos cuesta comprender, y aún más, aceptar, pero que es posible lograr cuando finalmente comprendemos que nuestra vida es para la felicidad; que la felicidad está en tu amor; y que tu amor es un regalo infinito, sin tiempo ni tamaño, originado en tu querido Padre, también Padre de tu hijo, y por ello, en cierta forma, ahora también tu esposo.

Tienes entonces al más maravilloso amigo personal a quien conocerás durante toda tu existencia y quien jamás te abandonará, porque libremente ha aceptado tus sufrimientos como los suyos. Tienes a quien te ama sin condiciones aún cuando tú le abandones. Él deseó ser invisible a tus ojos para cuidar tu íntima relación de amor personal ante cualquier mirada ajena que la pudiera dañar o afectar, porque su amor por ti no depende de ti, pero tu relación de amor sí depende de ti, y desea cuidarla como el más preciado tesoro entre ustedes dos. Por eso, sólo lo puedes encontrar, sentir y escuchar en el activo silencio, en la intimidad de tu corazón. Pero puedes ver su presencia y sus acciones en muchas de las personas que te rodean, y, nosotros, en las tuyas. Él es quien siempre te escuchará y atenderá, y a quien puedes amar plenamente a través de cada una de tus acciones hacia el bien de las demás personas. Él, independientemente de tus actos, es quien más te ha amado, y siempre te amará.
Ahora que eres madre, comprenderás que la maternidad fue creada para demostrarnos que el amor siempre puede vencer al dolor y a la adversidad, transformándolo todo en felicidad.
Querida hija, la maternidad es un privilegio de mujer. Un regalo de tu Padre a la mujer. Ella es y será tu vida, te transformará y hará de ti toda una mujer.



Libertad
Hija mía, ahora comprendes mejor que antes que no es fácil el libre uso de la libertad y que jamás lo será. En el libre uso de tu libertad expresas tu voluntad, tus personales deseos; ella te permite conducir tu vida modelándola como una esforzada artista, para llegar a ser quien tú deseas ser. Pero no es fácil aceptar el precio que todos debemos pagar, cuando por causa de nuestra voluntad nos alejamos del camino que nos conduce hacia nuestra felicidad.
Porque siempre es un alto precio.
Al parecer todos tardamos en darnos cuenta de que existe un camino seguro hacia nuestra felicidad. Pareciera que frecuentemente olvidamos que la voluntad de nuestro Padre siempre fue y será nuestra felicidad y que para ello nos dio la libertad.
Siempre
Pase lo que pase, ahora o en el futuro, debes saber que nosotros tus padres siempre estaremos junto a ti. Puedes contar con nosotros porque te adoramos y jamás desearemos estar ausentes de tu vida. Somos parte tuya y tú eres la más importante parte nuestra.
A veces, y especialmente en estos momentos, es bueno que alguien te recuerde que mientras dispongamos de vida, nuevas oportunidades existirán. En ciertos momentos, cuando soplan esos vientos que complican nuestra existencia, es posible que en medio del fragor de la lucha entre los sentimientos y las pasiones nos olvidemos de lo que realmente tenemos. Sin darnos cuenta, nos sumergimos en las profundidades de la angustia, la frustración, la decepción y la desesperanza. Tanto, que actuamos olvidando que la realidad nos ofrece siempre nuevas y variadas oportunidades.



Oportunidades
El dolor y el sufrimiento nunca llega por voluntad de tu Padre. Él tan sólo permite que existan para que puedas crecer, y así, algún día llegar a ser quien tú deseas ser; íntegra y completamente tú: ¡una persona única!
De este modo, el dolor y el sufrimiento siempre son una oportunidad para crecer como persona, para volver a encontrar a tus padres, a tus familiares y amigos, para hallar el camino del amor verdadero; una oportunidad de dar mucho, de dar lo mejor de ti a los demás. Son, aunque parezca increíble, ¡una oportunidad para llegar a ser más feliz!


Esperanza
Tus padres jamás te abandonaremos. Tu Padre pone su poder siempre a tu disposición para que cambies tus males por bien. Aquí encuentras una razón más para confiar en el amor de tus tres padres.
Si has recibido amor, tienes amor dentro de ti. Entonces, ¿por qué perderse en la desesperanza? Ya que si tienes amor, entonces lo puedes dar; y si lo puedes entregar, la felicidad está al alcance de tus manos, la tienes a tu lado y también dentro de ti.
Sentido
Fuiste creada por nosotros, tus padres, para ser feliz. Pero la felicidad real se obtiene luego de un largo aprendizaje, durante el cual todos debemos superar muchos errores.
Para quien busca su felicidad, los errores jamás serán un final. Ellos pueden ser una fuente de valiosas experiencias. Y cuando decidas transformar tus errores en experiencias, los estarás convirtiendo en tus mayores fortalezas

Aunque ahora no lo puedas creer, aunque no lo veas ni lo comprendas, no hay alguien como tú, ni quien pueda ocupar tu lugar dentro de nosotros, tus padres, que bien conoces, ni de tu Padre quien te conoce aún mejor que nosotros.
Mujeres fuertes son hoy más necesarias de lo que muchos creen: mujeres que no acepten la indiferencia frente a las necesidades ajenas; mujeres que deseen servir a otros; mujeres que comprendan que si no sirven a otras personas, tampoco servirán a su Padre, y en consecuencia, ni siquiera serán capaces de servirse a sí mismas.


Servir
Servir es ser de alguna ayuda para otra persona. Si quieres lograrlo, lo primero es desearlo, y luego expresarlo en una decidida intención, con acciones. Lo que acabo de decirte es tan importante que, independientemente de si obtienes o no el resultado esperado, la ayuda siempre llega a su destino. Lo fundamental es cómo realizas tus acciones o cuánto amor pones en ellas.
Porque lo más grande que podemos dar al prójimo es nuestro amor. Su efecto invisible no está condicionado por los resultados visibles que tanto perseguimos durante nuestras vidas; objetivos que buscamos con demasiada frecuencia, incluso desatendiendo lo que ya sabíamos o sentíamos: que no duran, y que no pocas veces nos distraen de lo realmente importante para nosotros mismos.
Servir es sentir agradecimiento por todo lo que tienes y dispones hoy. Servir es tener la humildad de pedirle a tu Padre que te ayude, para que actuando juntos, los dos, como si fueran una sola persona, te permita transformar tus males en Su bien; en felicidad para otros, y de este modo, en la propia. O lo que es lo mismo: pidiéndole que en ti se cumpla Su voluntad, cuando tú estés dispuesta a entregar la tuya.

Tú tienes mucho. Mucho más de lo que puedes siquiera llegar a imaginar. El que en ocasiones no lo veas ni lo sientas, no significa que ésa sea tu realidad. Porque tu existencia no se limita a lo que tus sentidos te puedan entregar; ellos con frecuencia nos ayudan mucho, pero a veces también cometen errores.



Para comprender la real dimensión de tus posesiones, debes tratar de extender toda tu persona más lejos de lo que tus ojos te dejan ver, escuchar más allá de lo que tus oídos son capaces de percibir, y tratar de sentir con los auténticos sentimientos de tu corazón, los de tu alma, ya que los sentidos y sentimientos del cuerpo son de gran ayuda, pero están siempre reducidos a su limitada función.
Tus más valiosas posesiones son tus íntimas pertenencias, ésas que se encuentran protegidas y resguardadas por tu cuerpo, muy en tu interior, en ese lugar tan personal que llamas tu espíritu. Esas posesiones que puedes cultivar, te permiten proyectar tu existencia hacia lo más valioso en esta tierra, hacia lo que no tiene límites ni tamaño, hacia aquello que a veces nos parece visiblemente pequeño, pero que contiene un sensible valor eterno. Así, lo que por momentos nos pudo cautivar y pareció encandilarnos por su aparente valor en esta vida, descubrimos que es insignificante. Porque ellas, tus verdaderas posesiones, te permiten reconocer sin confusión lo único realmente valioso en tu vida: el amor verdadero.


El verdadero amor es tan grande que no tiene medida. Por lo tanto, su valor siempre es infinito, incluso en esos actos que tantas veces despreciamos, porque nos parecen sin importancia y casi miserables; pero si te das cuenta que en ellos existe amor, apreciarás el tamaño infinito de lo pequeño, el valor eterno de cada instante de tu vida, de cada momento en que pones tu amor.



Tú tienes mucho más de lo que te es posible llegar a imaginar: tienes a tu Padre siempre a tu lado y también dentro de ti, porque en la sana conciencia de tu alma puedes encontrar Su verdad que no te pide ni te exige nada para Él. Tu Padre no te culpa ni te reprocha nada. Únicamente te pide que le permitas amarte. Además, nos tienes a nosotros tus padres, a tu familia y a tus amistades, quienes te queremos de verdad; tienes una vida, y tanto por hacer; tienes a tu hijo, quien te quiere sólo a ti, puesto que aquí no conoce todavía a nadie más en quien confiar.
Gratitud
Gratitud es reconocer que difícilmente comprenderemos en esta vida lo mucho que tenemos. Gratitud es aceptar que difícilmente comprenderemos en esta vida que todo lo bueno lo debemos. Con frecuencia nos cuesta comprender a nuestros padres. A todos nos ha pasado igual, por eso quiero ayudarte a comprender mejor a tu Padre. Es necesario, porque tú también estás atada a Él por un lazo de amor invisible a través del cual puedes sentirlo como con sus manos permanentemente extendidas, tratando de alcanzarte para darte su amor y ayudarte a superar cualquier dificultad. 


Permítele ayudarte; es Él quien te lo pide y te lo ofrece. Él conoce muy bien el peso de tu carga, y desea que le permitas cargar con tus sufrimientos, aliviar tus sentimientos y liberarte del peso que obstaculiza tu vida actual. Desea liberarte de la carga, de esos sentimientos tuyos que son ajenos al sentimiento de amor, al único que ayuda realmente, al que da la vida y te libera.
Su voluntad es que seas feliz. Él bien sabe que es necesario el largo proceso de toda una vida en una tierra donde ocurren accidentes. Él sabe que para ser feliz debes aprender a amar de verdad. Y que nadie puede amar lo que no conoce. Él sabe esperar, te da su tiempo, tu tiempo.

Amar de verdad es llegar a ser divinamente generosa. Esto es, darte por entero a los demás, partiendo por quienes tienes más cerca. Y ya sabes a quien más cerca tienes: a tu hijo. Darte por entero a los demás es el mayor acto de amor que jamás podrás realizar.
Cuando podemos empezar a dar nuestro amor sin miedos invencibles, sin restricciones egoístas ni condiciones, comenzamos a ver lo que nuestros ojos no pueden ver, a escuchar lo que nuestros oídos no pueden escuchar, a sentir lo que nunca imaginamos, porque no lo conocíamos. Entonces empezarás a ver en ti misma el reflejo de tu Padre y a notar en ti Su semejanza; a reconocer en una forma feliz y voluntaria tu condición de hija y, con ello, tu condición de hermana de todos los hijos de tu Padre. Te sentirás una mujer: activa integrante de una familia tan grande como maravillosa; de una familia sin límites ni tamaño; de una familia sin tiempo.



Que te des por entera a otro ser, ésa es la voluntad de tu Padre. Ella es para ti un valor supremo y sin medida porque te muestra el camino hacia tu verdadera casa, hacia tu verdadera familia y hacia tu verdadera felicidad. ¡Créeme! Soy tu madre.
Hija mía, todos necesitamos de ti como tú nunca podrás imaginar.
Necesitamos de tu compañía y de tu presencia.
Necesitamos de tu amor; ése que expresas tan bien en las grandes y pequeñas acciones de tantos momentos maravillosos en familia.
Necesitamos de tu comprensión y paciencia, ya que sólo tu Padre es perfecto y todos nosotros cometemos errores.

Necesitamos de tu experiencia, que es un valioso instrumento para evitar a otros algún sufrimiento, para aliviarlos con tus cariñosas palabras, o para ayudarlos a comprender mejor, a enfrentar y aceptar el dolor. Quizás, como en tantas ocasiones pasadas, también puedas ayudarnos a transformar el sufrimiento en felicidad.
Necesitamos de ti, tal como eres.
Querida hija, la vida es un camino por recorrer, para crecer y llegar a ser. Es en la superación de las naturales dificultades donde nos convertimos en la hija, la madre y la mujer que deseamos ser. En la superación de tus mayores dificultades debes ver tus grandes oportunidades.


Superando con tu esfuerzo y constancia las grandes y pequeñas dificultades, comprensibles, pero siempre ajenas a la voluntad de tus padres, te transformas en una mujer, en una persona cada vez más completa, cada vez más hermosa y más humana y, quizás, cada vez más divina. O sea, en una hija cada vez más valiosa, querida y apreciada por todos.
Hija mía, tú eres lo más valioso que tenemos.
Tu hijo es lo más valioso que tienes.
Tus hijos serán lo más valioso que tendrás.
Tú eres hija de tu Padre. Eres lo más valioso que Él tiene.

Si alguna vez sientes que los vientos inesperados de la adversidad se están llevando tus fuerzas y empiezan a invadirte los sentimientos de la incertidumbre, la soledad y la derrota, invitándote a entregarte, en una actitud pasiva y resignada... por favor, te ruego que me escuches y ¡no continúes pensando en ti misma! ¡Tú no estás sola!


Amor mío, ¡no renuncies a tu lucha! Dejaste tu hogar para ir en búsqueda de lo que creías necesitar, y ahora, quizás, necesitas volver sobre tus pasos para poderlo encontrar. Y si aún no estás convencida de mis palabras, porque no deseas tomar nuestras manos extendidas hacia ti, quizás sea la hora de negarte a ti misma, entregando lo que queda de tu vida a quien hoy te necesita angustiosamente: tu querido hijo. Él es ahora la fuente de tus nuevas fuerzas, de tu nueva vida y de tu nueva felicidad. En él está ahora la razón principal de tu existencia: Por ti, por tu hijo, por nosotros, tus padres, y por quienes te quieren de verdad, ¡lucha por ser feliz!
Sitio de referencia de esta carta:
http://www.vidahumana.org/